Lo que es y no es

El spleen es un mundo de poesía que no es poesía, de pensar y decir, sin decir ni pensar. Les comparto el aliento de mi travesía poética en las letras y los signos que no dicen nada y lo dicen todo. Esto es parte de mi etéreo paso por este sitio de antaño y de siempre, de nunca olvidado. Porque me atrevo a pronunciar lo que no está escrito, a ver en el vacío lo que falta. Son tejidos de palabras, garabatos de sonidos que se pueden pronunciar en el aire o en silencio, donde juego a crear metáforas, símbolos, analogías y más; así como salen del alma, de la mente, del corazón, del Spleen, puros y honestos, sin corregir ni tallerear, eso viene después....

El Spleen


En francés spleen representa el estado de melancolía sin causa definida o de angustia vital de una persona. En alemán, la palabra "spleen" denota a alguien continuamente irritable. En China, el spleen representa uno de los fundamentos del temperamento y se supone influye el poder de la voluntad. En este espacio te invito a conocer el spleen que me embarga y el que embarga a la humanidad.

martes

Embriaguez del yo



Embriaguez del yo, del dolor-placer, “placer natural de la demolición” (Baudelaire, C. Mi corazón al desnudo), escupe charles Baudelaire en su grito poético donde desnuda y des-anuda su corazón arrebatado por el sehnsucht; “amor natural por el crimen” (Idem), conciencia de la grandeza de ser víctima. Ganar el paraíso y morir en la pena. El gran carácter del romanticismo es la fundación del Yo individual como algo casi absoluto. Se instaura la subjetividad, lo más sublime y desenfrenado que se distingue del mundo físico y social. El Yo individual, el que percibe y desea el mundo, lo que lo rodea. El Yo frente al no-Yo. El temblor e ímpetu ante lo estático y divisible. Para el Charles romántico lo natural no es legítimo, lo legítimo es el resurgir del instinto, “la soledad como afición y placer” (idem). Con un carácter profundamente introspectivo en Mi Corazón al Desnudo, encontramos la vida psicológica íntima del poeta, el espacio psíquico  que se hace cada vez más hondo y abismal, un caótico hervor de sentimientos que define y delinea el sturm und drang que Baudelaire padecía en los laberintos claro-oscuros de su psiquismo atormentado por el pecado. Inmerso en una sociedad que detestaba, a la cual combatía con la razón y el sarcasmo. “En Francia todo mundo se parece a voltaire” ((idem), Voltaire es el anti-poeta, el anti-artista.
Su poética un canto desgarrador por el horror del mismo pecado, del que habrá de salir la contrición. “No tuvo la vida que merecía…la vida de Baudelaire parece una magnífica Ilustración. No merecía por cierto aquella madre, aquella querida avara, ni aquella sífilis” dijo Sastre. Su existencia fue coronada por el negro destino, llena de desilusiones y complejidades anímicas comenta María Dubón. Charles es el romántico por excelencia al llevar su inquietud y su pasión arrebatada hasta el infierno, “Usted dota al cielo del arte de un no sé qué rayo macabro. Usted crea un estremecimiento nuevo…” le comentó Víctor Hugo una carta que le dirige al poeta. Sí  “la tortura surge de la parte infame del corazón del hombre sedienta de voluptuosida”. Crueldad es voluptuosidad, el goce del espíritu que anhela la muerte. Dios y Satán son sus reclamos. En Baudelaire encontramos al romántico al introducir la existencia misma en su mente y reescribirla de acuerdo con las imágenes del deseo; define, crea y transforma la realidad, da vida al yo creativo  lo proyecta en el poema en un proceso de construirse a sí mismo y reconstruir el mundo; El potro (tormento) como medio de descubrir la verdad de lo material a lo espiritual” (ibidem).
Dios, espiritualidad, subir de grado, Satán, animalidad, el goce de rebajarse, el goce del espíritu, claridad y libertinaje. Contornos del deseo en los que Baudelaire romántico basa el mapa de su psique, el Yo es Prometeo y Lucifer, impulso apetecedor y lucha contra un mundo que se resiste. En el poeta pecador encontramos el Yo prometéico; la energía irrefrenable del deseo rebelde que reclama la libertad y el poder. El mito prometéico es el titán Lucifer que por su rebeldía es condenado al castigo y al dolor eterno; padeciendo una fiebre fatal porque el deseo nunca alcanzará su objetivo de fusión con el objeto. Las ilusiones infinitas son inherentes al espíritu del poeta y el poeta se erige como héroe y santo; “ser un gran hombre y un santo para sí mismo, tal es la única cosa importante” (ibid). El sapere aude claudica ante el prometeo, quien es el poeta-héroe, que surge de la crisis durante la cual renuncia a la voluntad de poder sobre el mundo eterno y el yo se vuelve hacia su interior, buscando trascender sus limitaciones; el héroe triunfa al final por la imaginación, el Yo es alienado. El héroe es solitario, “el hombre de genio quiere ser uno y por tanto es solitario”(idem), el Yo solitario está construido en el espacio vacío inevitable que hay entre él y el yo prometéico; entre el deseo y el objeto, entre el mundo y la sensibilidad. El Werther de Goethe es socialmente inadaptado, el yo baudeleriano es el mismo Werther. Baudelaire está alienado, consiente de sí, encarnado y solitario. Es víctima de una sociedad hostil y como alma superior rechaza la impropiedad de su tiempo en el cual la razón es la fe ciega, el progreso tiene un sentido ético que hará a la humanidad mejor y más dichosa, pero el poeta padece el mal de la revolución, el culto a la razón, el sacrificio y la  superstición. “La revolución, mediante el sacrificio, confirma la superstición” (idem)  Baudelaire afirma: “El culto a la razón prueba la idea de sacrificio”, “La superstición es el receptáculo de todas las verdades”, “La revolución francesa es infame y agradable”, “ el sacrificio lleva asentimientos y júbilo de parte de la víctima”, pero esa no es la verdadera convicción. La convicción es el sentimiento de soledad como afición y placer. El héroe desconfía de la evidencia (convicción Vs evidencia), se centra en las fuerzas inconscientes de la fantasía. El nuevo lema es phantasiae aude. Este será ahora el lema de lo moderno que será personificado por el Dandy. “El dandy es lo sublime” y lo sublime es lo que emociona por su magnitud y energía superior a las facultades humanas, es lo asociado al instinto de conservación, lo sublime produce terror, pero también deleite. El Dandy es terror que nos espanta y nos deleita, es el héroe-titán Lucifer  que se contrapone a la mujer que produce horror y es abominable igual que la naturaleza. La mujer es el anti-héroe, la naturaleza es lo anti-sublime, la revolucuón el anti-deseo. “Un Dandy no hace nada” (idem), no es sacerdote, ni guerrero, ni poeta; no sabe, no mata y no crea. El Dandy es el horror de la vida y del éxtasis de la vida” (idem). El Dandy es el hombre de ocio y de educación” (idem). No es profesionista, pero sí el que se deja en la carne extraña porque tiene horro de la soledad aunque es un héroe. “El héroe moderno es el que rechaza la trascendencia de lo absoluto para sumergirse, creador con sus creaturas, en lo diverso y lo particular, el que descubre lo singular en lo común y vulgar para apropiárselo” (idem) El dandysmo es el culto al Phatos de la distancia, al desprecio olímpico de todo lo que en la religión del progreso ha elevado a dogma de fe. El dandy Prometeo se rebela  contra la grotesca exaltación burguesa, contra el mal gusto de la aristocracia, contra la monarquía y la revolucuón. El Dandy es la última expresión del heroísmo, el Dandy exclama Phantasiae aude en el reclamo de su Yo-individual-moderno, en lo recóndito de sus macábros y mundanos sentimientos. Ahora el Sturm und Drang toma la forma del dandy Prometeo que se embriaga de humanidad, claridad y libertinaje.

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