en las lágrimas del sereno
cada vez que la distancia
desmontaba la fuga.
Fuiste un corcel sin tiempo
un andar a desniveles
entre dudas y suspiros.
Tomaste el mundo a tu modo
amamantaste el alba y le diste forma.
Un correr de la venas
un secuestro del alma.
La mar océano te espera en calma,
no dejes que el luto del mundo
detenga tu brío,
ya no hay nada que se rompa,
nada que no aguarde,
la muerte es solo un espacio
en blanco donde recostar la memoria.
Un millar de nudos se atoran
entre las palabras,
mas siempre está ese sendero
donde el camino y los pasos son uno,
y somos el mismo fundidos en el horizonte.
La muerte es un receptáculo
donde vaciar los amores,
tomar uno a uno
y rendir el culto
que en vida olvidamos.
La muerte es un ver para dentro eterno,
un desmayar sin aliento
sin temor a ahogarse...
Me enseñaste más de lo que piensas,
a andar entre las nubes
y colorear el mundo con las sombras.
Saboreamos los mares y las sierras,
corrimos tras el ocaso,
enteros, juntos, enamorados
del sol y de la luna.
La muerte es un paréntesis
que nos tendrá a tientas
entre un mundo y el otro,
Un compás yerto que recorrer cada mañana.
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